Sybil Connolly – La Dior de Dublín
Abriendo camino a los diseñadores irlandeses
Abriendo camino a los diseñadores irlandeses
Cómo la diseñadora de moda irlandesa Sybil Connolly adoptó diseños tradicionales de Irlanda
La diseñadora de moda irlandesa Sybil Connolly (24 de enero de 1921 - 6 de mayo de 1998) puso a Irlanda en el mapa de la moda internacional en los años cincuenta. La emprendedora puso de relieve los tejidos irlandeses, tales como la lana baínín, el tweed, la franela, el croché y el lino al incorporarlos en sus innovadores diseños de alta costura.
La historia tras el éxito de Sybil Connolly fue única, dado que su salto a la fama llegó durante el contexto socioeconómico irlandés de los años cincuenta y sesenta.
En aquella época, Irlanda estaba lejos tanto en distancia como en influencia de las capitales de moda del mundo. Irlanda seguía siendo un Estado relativamente nuevo, donde la Iglesia tenía una fuerte influencia y donde, a pesar de haberse modernizado, la población seguía siendo rural en su mayoría.
Sin embargo, Sybil siempre había tenido una visión cosmopolita, pues creía que tanto Irlanda como una mujer irlandesa podían competir en la escena mundial. Con esta convicción y una gran dedicación a los tejidos irlandeses, comenzó a diseñar colecciones de alta costura que defendían el diseño de moda irlandés.
De padre irlandés y madre galesa, Sybil Connolly nació en Gales. Cuando tenía 17 años empezó un curso de formación en la compañía irlandesa Bradley & Co, cuya sede estaba en Londres; una experiencia que le permitió asistir a pruebas de vestuario para la realeza en el Palacio de Buckingham.
En 1940, Sybil volvió a Irlanda para trabajar en la marca Richard Alan, una destacada casa de moda femenina de Dublín. Su éxito en el mundo de la moda comenzó cuando, en 1952, se convirtió en jefa de diseño de Richard Alan y creó su primera colección de alta costura. Sybil tomó a Irlanda como fuente de inspiración para la colección, ya que las prendas tradicionales irlandesas hechas con tejidos autóctonos tuvieron gran influencia en ella.
El éxito de su primera colección fue respaldado por otras influyentes mujeres irlandesas, así como por algún que otro encuentro fortuito.
La editora irlandesa de la revista Harper’s Bazaar, Carmel Snow, fue clave para convencer al Philadelphia Fashion Group de que viajara a Dublín para ver el primer desfile de Sybil Connolly. El castillo de Dunsany, situado en el condado de Meath, fue el escenario de cuento para el desfile, algo que resultó posible gracias a otra mujer formidable: Lady Dunsany. Además, el apoyo de Eleanor Lambert, una publicista estadounidense y vieja amiga de Sybil, consolidó su éxito en el lucrativo mercado de los Estados Unidos.
La importancia de la difusión mediática de los diseños y tejidos irlandeses en aquel momento fue algo realmente notable que debería ser recordado. El impulso de la moda irlandesa continuó y, en 1956, la portada de marzo del Harper’s Bazaar vino acompañada por el siguiente titular: «Spring Collections Paris, London, Dublin, Italy» (Colecciones de primavera de París, Londres, Dublín, Italia). Aquello indicaba que el mundo de la moda esperaba la llegada de las colecciones de Dublín tanto como las provenientes de París o Milán.
El éxito de su primera colección y la buena acogida de los tejidos tradicionales irlandeses afianzaron su compromiso con ellos.
Durante su carrera, nunca abandonó el interés por la artesanía irlandesa. Es más, incluyó en sus diseños los bordados de Donegal, el encaje hecho a mano de Carrickmacross, los tweeds de Donegal, la lana baínín y, sobre todo, su propio lino plisado: un tipo de lino conocido como handkerchief linen. Catapultó materiales y artesanías irlandesas a la escena de la moda mundial de forma nunca antes vista.
Curiosamente, la dedicación de Sybil Connolly al patrimonio de la moda irlandesa comenzó tras un encuentro fortuito con una mujer en Connemara, una región al oeste de Irlanda.
Cuando viajaba por Connemara para conseguir tweed, y mientras se inspiraba en los colores de las montañas, Sybil detuvo su coche para ofrecer dulces a unos niños. La madre de los niños se asomó a la puerta de la casa de campo vestida con una espléndida falda de franela roja. La mujer indicó a Sybil cómo llegar hasta la tienda del pueblo, donde compró un fardo de ese mismo tejido irlandés. El resultado fue una gloriosa falda roja de noche, conjuntada con una blusa blanca de lino irlandés que lució Anne Gunning.
Ese mismo año, Anne Gunning, considerada una de las modelos más hermosas de la década de los cincuenta, protagonizó la portada de la revista Life Magazine bajo el titular «Irish Invade Fashion World» (irlandeses invaden el mundo de la moda).
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Más tarde, Sybil desarrollaría una técnica para plisar lino que dio lugar a exquisitos vestidos y faldas. Aprovechó la tendencia natural del lino a fruncirse para así crear prendas que no se arrugaban. También empleó un tweed impecablemente confeccionado para diseñar trajes, abrigos y capas de alta costura que se hicieron hueco en las páginas de revistas como Life Magazine, Vogue y Harper’s Bazaar.
Sybil siguió fomentando el uso de tejidos vernáculos irlandeses como el lino y el tweed, así como el encaje y el croché. La mayoría de ellos eran elaborados por trabajadoras de la industria artesanal: el croché provenía de aquellos hogares dedicados a la industria, y el encaje de las monjas de Carrickmacross. Sybil Connolly dio trabajo a alrededor de 100 mujeres artesanas. Muchas de ellas trabajaban desde casa, lo cual les permitía ganarse la vida y, al mismo tiempo, cuidar de sus familias.
Tanto la vida como el trabajo de Sybil Connolly cuentan la historia del éxito de una mujer irlandesa y de los tejidos autóctonos, al tiempo que aportan una visión de la vida de las mujeres irlandesas: desde aquellas que estaban involucradas en su creación hasta las que los vestían y valoraban.
Durante los años cincuenta y sesenta, sus diseños fueron celebrados en el mundo entero, pero sobre todo en los Estados Unidos. Muchas mujeres vestían los diseños de Sybil Connolly, entre otras, la primera dama de Estados Unidos, Jacqueline Kennedy Onassis, o actrices como Adele Astaire (en el musical Funny Face) y Julie Andrews (en la película Sonrisas y lágrimas).
Los fotógrafos más destacados de la época capturaron el estilo característico de Sybil. En 1953, el mundialmente conocido fotógrafo de moda Richard Dormer capturó con su cámara el vestido blanco de croché y la larga capa roja de Sybil para la portada de la revista Life Magazine.
En la década de los sesenta, el público seguía apreciando y dando reconocimiento a los diseños de Sybil.
Cuando la tendencia predominante de la década empezó a alejarse del estilo característico de Sybil, la diseñadora sustituyó la alta costura por el diseño de interiores. Fue en esta época de su vida cuando empezaron a hacerse evidentes algunas contradicciones.
La demostrada trayectoria feminista de una mujer que trabajaba en un sector dominado por hombres parecía oponerse a la reticencia de Sybil a modernizar sus diseños. Sybil fue una astuta, independiente y exitosa mujer de negocios, pero fue probablemente su visión conservadora lo que llevó a su colección de alta costura a decaer. Sin embargo, Sybil tuvo el poder y la imaginación para reinventarse y dirigir su creatividad hacia la creación de productos de interiorismo. Colaboró con marcas como Tiffany y Waterford Crystal para crear artículos para el hogar, así como con Brunschwig & Fils, diseñadores textiles especializados en papel pintado.
Es indiscutible la importancia que Sybil Connolly tuvo al abrirles camino a diseñadores y mujeres irlandeses. De hecho, la diseñadora contribuyó a la historia de las mujeres, las exportaciones, los tejidos, el diseño de moda y la historia social de Irlanda. Su trayectoria es tan impresionante que merece ser contada, y su legado, preservado.
Traducción: Esther Oar-Arteta, MA in Translation Studies, University College Cork
Revisión: María Aguilar Lara, MA in Translation Studies, University College Cork