Exposiciones

Mágicas, Místicas y Medicinales

Mandrágora – El Grito Mortal

Mandragora officinarum L.

Pythagoras llamó Antropomorphon a la mandragora, q significa figura humana, por quanto su raiz por la mayor parte consta de dos piernas semejantes a las del hombre; aunque no contentos muchos burladores con esto, quieren persuadir, que no se nos parece en todos los otros miembros, y assi para engañar al pueblo ignorante, y credulo, suelen en la raiz de la caña, o en aquella de la Byonia esculpir, y entretallar todas las partes del hombre, enxiriendo ciertos granillos de trigo en aquellos lugares del cuerpo: de los quales quieren que nazcan yervas en vez de cabellos o pelos. Formadas pues dichas raizes con este fraudulento artificio, las meten debaxo de la tierra, hasta que les crezca la barba, y cobren una nueva corteza, y entonces las sacan como cosa monstruosa y las vende por quanto quieren, para hazer hijos a unas mugerzillas esteriles, que mueren por empeñarse.

Dioscorides, P. 1651. A cerca de la materia medicinal, y de los venenos mortiferos (Traducido, ilustrado y anotado por el Dr. A. Laguna)

La mandrágora es una planta herbácea de raíces gruesas, frecuentemente bifurcadas una o varias veces, que pueden asemejar la forma del cuerpo humano. El género Mandragora, pertenece a la familia Solanaceae y cuenta con tres especies nativas de la cuenca Mediterránea y Asia Central, de las cuales la más conocida es Mandragora officinarum.

La mandrágora probablemente sea la planta “mágica” más famosa en Europa, tanto por sus propiedades medicinales y psicoactivas, como por los mitos y leyendas que se le han asociado a lo largo de los siglos. Conocida desde la antigüedad, sus propiedades curativas fueron ya mencionadas en los papiros de Eber (1500 a.C.). Aunque inicialmente se utilizó como amuleto para dar buena suerte, como afrodisíaco y para tratar la infertilidad, su uso más relevante a partir del siglo I fue como sedante y anestésico en procedimientos quirúrgicos. Plinio daba a sus pacientes un trozo de raíz para masticar antes de las operaciones y Dioscórides utilizaba un vino de mandrágora como anestesia, como somnífero y para calmar el dolor.

Tras la caída del imperio Romano, los árabes profundizaron en el conocimiento de la medicina desarrollando la “spongia somnifera”, una esponja que se empapaba con jugo de mandrágora y otras plantas como adormidera o belladona. Posteriormente se introducía o acercaba a la nariz de los pacientes que quedaban adormecidos, siendo esta la forma de anestesia más utilizada en Europa hasta el descubrimiento del éter. Pocas plantas en la antigüedad tuvieron un espectro de usos tan amplio como tuvo la mandrágora que se utilizó además para tratar una gran variedad de afecciones como el asma, artritis, inflamaciones o úlceras, entre otros.

Durante siglos estuvo asociada a la magia, la brujería y lo sobrenatural, formando parte de los ungüentos que las brujas utilizaban para “volar” en el medievo. Se creía que la planta al ser arrancada gritaba, causando la muerte a quien la oyera, por lo que su recolección se llevaba a cabo siguiendo elaborados ritos. Uno de los más famosos requería la ayuda de un perro hambriento al que se ataba a la planta durante varios días. El animal, al querer alcanzar la comida que se le ofrecía, tiraba de la planta arrancándola y, según las creencias, muriendo poco después.

La mandrágora debe sus propiedades a la presencia en su raíz de alcaloides altamente venenosos entre los que se encuentran la escopolamina, la atropina, la mandragorina o la hiosciamina. Estos alcaloides, también presentes en otras especies de solanáceas, pueden producir alucinaciones y delirios, convulsiones e incluso la muerte. En la medicina moderna la hiosciamina o la escopolamina se utilizan como antiespasmódico y para tratar algunos problemas intestinales, neuralgias y los temblores provocados por el Parkinson.