Una visita queer
Interpretaciones y reinterpretaciones
Reinterpretaciones de artistas y de arte queer del pasado
Reinterpretaciones de artistas y de arte queer del pasado
Este primer capítulo se centra en la reinterpretación de los artistas y del arte queer hasta el siglo XX. Fue en este siglo cuando las leyes progresistas y las nuevas leyes LGBTQ+ brindaron más visibilidad al colectivo en el ojo público.
San Sebastián es un emblema de la reinterpretación gay de figuras sagradas.
El cuerpo de un joven atractivo y la forma fálica de las flechas que lo penetran, literalmente, durante su tormento y su martirio, pertenecen a una estética queer creada a mediados del siglo XIX. En la estética cisgay, la imagen de San Sebastián se ha ido embelleciendo, estetizando y rejuveneciendo desde el Renacimiento. Esta reinterpretación continua ha provocado que las representaciones más recientes de San Sebastián sean irreconocibles en comparación con el soldado de mediana edad con barba y armadura que solía ser.
Tanto la esculturalidad de su cuerpo como sus ropajes han ido desapareciendo, y por tanto, su imagen se ha ido volviendo cada vez más afeminada. Autores como Oscar Wilde y Marcel Proust lo han convertido en un símbolo del ostracismo y la marginalización que viven los homosexuales.
La sexualización de San Sebastián podría ser lo que Whitney Davis considera un caso de «queered beauty», concretamente una «reapropiación» y resignificación de obras de arte por parte de una comunidad. Pero, según las crónicas, los propios artistas que crearon estas obras de San Sebastián sentían atracción por los hombres (aunque no sea el caso de Bronzino necesariamente). Por eso se dice que algunas representaciones de San Sebastián son el reflejo de una visión puramente homoerótica de la belleza masculina por parte de algunos artistas.
Todos los jóvenes pintados por Caravaggio son sujetos homoeróticos o, más bien, se les representa de forma homoerótica.
Esta interpretación les ha sido atribuida porque el propio artista podría haber sido homosexual o bisexual. En cualquier caso, tuvo una relación especial con muchos de sus modelos.
Una de sus relaciones homosexuales más documentadas es la que mantuvo con Mario Minniti (el modelo de su Niño con un cesto de frutas). La relación entre Minniti y el pintor se ha reinterpretado en varias ocasiones, ya que Minniti volvió a Sicilia y se casó con una mujer. Sin embargo, hay que reconocer que este hecho no es necesariamente una señal de su heterosexualidad. Casarse y tener hijos no quería decir que se tuviese una orientación sexual específica tal y como dicta el estándar actual.
Todas las referencias homoeróticas en los poemas que aún tenemos de Miguel Ángel fueron eliminadas por su sobrino, que heredó sus bienes tras su muerte.
Por suerte, ahora se han reconstruido. Miguel Ángel dedica muchos de estos poemas a Tommaso de Cavalieri, su joven mecenas, aunque este amor no fue correspondido. También le dedica bocetos y dibujos representando el mito de Zeus y Ganimedes, que ya estaba en boga en la época para hablar de atracción homosexual sin mencionarla explícitamente.
Pero Tommaso no fue el primer hombre del que se enamoró Miguel Ángel. Escribió epitafios y poemas para otros colaboradores y modelos jóvenes. Antes de hacerse famoso en Roma, donde trabajaba a solas, Miguel Ángel maduró artísticamente en Florencia, donde el uso de talleres de arte era exclusivo para los hombres y se vivía, por tanto, en un ambiente homosocial.
Este fenómeno era tan conocido que la palabra alemana para «florentino» también significó «homosexual» durante siglos hasta la creación de la palabra en sí. La manera en la que se vivía la homosexualidad en la Florencia de los Medici presenta paralelos con la actualidad (como el hecho de que ciertas personas la vivieran como una identidad). Además, Miguel Ángel basó su canon estético en la masculinidad extrema, que se ha interpretado de manera retrospectiva como su obsesión por la musculatura masculina.
El cardenal Scipione Borghese tuvo una larga relación con Stefano Pignatelli, su amigo de la infancia. Ambos fueron acusados de sodomía y perseguidos por la Inquisición.
Se retiraron los cargos, pero Borghese nunca fue absuelto. Se escribieron muchos poemas satíricos sobre el romance entre Borghese y Pignatelli. Borghese encargó a Bernini esculpir un colchón de mármol para una estatua de un hermafrodita durmiendo en una pose sensual que guardaba en su habitación privada.
La relación entre el escultor Henrik Andersen y el escritor estadounidense Henry James es muy conocida. Estuvieron juntos hasta la muerte, pero su relación fue principalmente a distancia.
Henry James escribió muchas cartas apasionadas a su amante. En la novela The Master de Colm Tóibín se describe a James como un hombre entristecido por la vida, que dejó su país, a su querida familia, que rechazó amistades y, finalmente, nunca pudo hacer frente a su orientación sexual.
Reprimió sus sentimientos tanto como le fue posible, en especial teniendo en cuenta que vivía en Inglaterra y que el caso de Oscar Wilde le causó un gran impacto. Su inclusión en el libro Epistemología del armario de Eve Kosofsky Sedgwick como escritor homosexual se percibió como una revolución que sacó a James del canon occidental de hombres blancos heterosexuales y lo introdujo en el mundo contemporáneo.
El legado de Henry James demuestra que incluso ante la presencia de pruebas y sentimientos que una comunidad determinada reconoce como suyos, al mundo académico le cuesta aceptarlos.
Un ejemplo en la obra de Andersen que denota su interés casi obsesivo por el atletismo del cuerpo masculino es su escultura titulada David. En La notte, Andersen pone de relieve la fuerza física y la belleza del cuerpo masculino, algo similar a la representación del cuerpo masculino musculado que caracteriza varias obras de Miguel Ángel.
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Los metadatos asociados con esta grabación describen a «bailarinas», aunque en realidad las personas sobre el escenario son hombres. La descripción indica que estas «bailarinas» en realidad eran «hombres disfrazados». Este es un ejemplo de la facilidad con la que es posible perder pedazos de historias queer en los metadatos, sobre todo en colecciones de arte.