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La Discusión (Madrid. 1856) - 1864-05-12

Periódico fundado y dirigido en sus primeros años por el célebre jurisconsulto y político José María Rivero (1814-1878), quien desde 1851 venía presidiendo el Partido Democrático, fundando en 1848 de una escisión del Partido Progresista. Al mismo se integrarán como redactores, colaboradores y articulistas los principales intelectuales, políticos y periodistas de la primera generación de demócratas y republicanos españoles. Aparece con el subtítulo “diario democrático”, que mantendrá prácticamente inalterable a lo largo de su existencia, el dos de marzo de 1856, tendiendo un puente entre la izquierda del antiguo partido progresista y el demócrata recién legalizado durante el bienio.

Sus primeras polémicas serán contra el jacobinismo de La soberanía nacional, que dos años antes había fundado el fuorierista Sixto Cámara (1825-1859). Sin renunciar al programa antidinástico del partido de 1849 no hará cuestión fundamental la forma de gobierno, y gracias a la moderación y habilidad de Rivero, a su postura transigente y contemporizadora, sobrevive al golpe contrarrevolucionario de 1856.

Se sumarán a sus páginas Emilio Castelar, Estanislao Figueras, Cristino Martos, José María Orense, José Calderón y Llanes, Nemesio Fernández Cuesta, Eusebio Blasco, Juan Pablo Nogués, Pedro Antonio de Alarcón, Manuel Zorrilla, Eduardo Chao, Vicente Romero Girón, Manuel del Palacio, Ramón Chíes, Marcos Zapata, Francisco Díaz Quintero, Carolina Coronado, Francisco Flores García, Roberto Robert, entre otros muchos.

Tras entrar Francisco Pi y Margall en su redacción en julio de 1857, polemizará con El pueblo, el periódico que en 1860 funda Eugenio García Rico y que más tarde dirigirá Manuel Gómez Marín, como portavoz de los escindidos republicanos unitarios. Cuando Pi releve a Rivero en la dirección el uno de abril de 1864, será portavoz del ala socialista y federal del partido, que se enfrentará a la individualista que representa La democracia que ese mismo año funda Emilio Castelar.

Al final del reinado isabelino, el antiguo secretario de Sixto Cámara, Bernardo García se hará cargo de la propiedad y dirección del diario, hasta que el 21 de junio de 1866 publica su último número de su primera época, al ser suspendido como los demás títulos demócratas y republicanos como consecuencia de la sublevación del Cuartel de San Gil.

Con ediciones de mañana y tarde y de provincias y la publicación de algunos suplementos esporádicos, y no apareciendo los lunes, La discusión se había convertido en el primer periódico de referencia nacional, con gran circulación y prestigio. De gran formato, pasó de ser compuesto a cuatro columnas a cinco repletas de textos diminutos. Estructurado en secciones, incluía el editorial diario y los artículos de fondo de carácter político y doctrinal, revista de prensa, crónica parlamentaria, noticias del extranjero y de provincias, que serán elaboradas a partir de despachos telegráficos, folletín con novelas de corte histórico y político, gacetilla de la capital, cotizaciones de las bolsas, observaciones meteorológicas, noticias de alcance, espectáculos y, al final, una abundante y vistosa publicidad comercial. Llegará a tener imprenta propia y empresa editorial.

Tras el triunfo de la septembrina, reaparece el seis de octubre de 1868, iniciando su segunda época, en un momento en que los demócratas se dividirán entre los denominados “cimbrios” o filoprogresistas, que se agruparán en el Partido Radical (José María Rivero, Cristino Martos, Manuel Becerra, etc.) desde el que alcanzarán las altas magistraturas del primer Estado democrático español, y los republicanos y federalistas.

Como periódico republicano sin más, La discusión ejercerá una gran influencia durante el sexenio. A su cabecera sumará los lemas “No más tiranos” y “Soberanía del pueblo”, que pronto cambia por “No más reyes” y “Viva la República”, que por orden gubernamental serán quitados a partir del siete de octubre de 1869, para reaparecer de nuevo estampados después. En noviembre de 1870 forma parte de la pléyade de periódicos antiamadeistas madrileños, que suman casi una treintena, y durante la segunda Asamblea Federal de 1871 será el más destacado baluarte del republicanismo benévolo, frente al intransigente representado por La igualdad. Protestará contra el golpe de Pavía de enero de 1874, y aunque se sume a las tesis de Emilio Castelar, este fundará su propio órgano: El orden. Con el golpe restaurador del general Arsenio Martínez Campos en Sagunto, La discusión publicará el último número de su segunda época el 30 de diciembre de 1874. Iniciará la tercera a partir del 14 de junio de 1879, como “diario democrático de la tarde” y, después de la mañana, no apareciendo los lunes, plenamente adscrito al republicanismo federal y bajo la misma propiedad y dirección de Bernardo García, hasta que publique su último número el 11 de noviembre de 1887, habiendo mantenido cierta irregularidad en su aparición en sus últimos meses de vida.