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El Globo (Madrid. 1875) - 1880-10-29

Fundado por Emilio Castelar (1832-1899), será el principal órgano del posibilismo representado por el Partido Republicano conservador y unitario. Publica su número prospecto el 21 de marzo de 1875 y comienza su andadura a partir del uno de abril de ese año, con el subtítulo “diario ilustrado” y el lema “instrucción, moralidad, recreo”, siendo considerado como el primer diario español que incorpora sistemáticamente el grabado tanto de carácter ilustrativo como informativo. Va a tener una prolongada vida y durante sus dos primeros años estará dirigido por Pedro Avial y sus páginas estarán alejadas del debate político.

A partir de 1877 lo dirigirá Joaquín Martín de Olías (1842-1900), que había sido ya uno de sus principales redactores, quien incorpora a otros jóvenes periodistas, entre los que se encuentran Francisco Navarro Ledesma, Andrés Ovejero, Baldomero Argente, Manuel Castro Tiedra y Manuel Tercero, entre otros, señalando bajo su cabecera que ya es un diario político, además de ilustrado, literario y científico. En números de cuatro páginas y a cuatro columnas, resaltan sus excelentes y numerosos grabados y su estructura será la propia de los diarios de la época, con artículos políticos, secciones de noticias nacionales y extranjeras, despachos telegráficos de la agencia Fabra, así como las de espectáculos, cotizaciones de bolsa, etc. Incorpora también el folletín y su cuarta plana estará íntegramente dedicada a los anuncios comerciales.

Los cambios en su propiedad se van a ir sucediendo. En 1885 lo adquiere Eleuterio Maisonnave, que también lo dirigirá, y comenzará la época más brillante del diario, que ya en 1880 había alcanzado una circulación en torno a los 25.000 ejemplares, llegando a ser uno de los periódicos republicanos y anticlericales de mayor difusión entre un público amplio no necesariamente castelarino, a la vez que el partido republicano liberal había avanzado hacía su progresiva integración en el régimen de la Restauración, tal como señala Seoane.

En 1890 lo adquirirá Alfredo Vicenti, que lo dirigirá también hasta 1895, pasando al año siguiente a ser propiedad del futuro conde de Romanones, Álvaro de Figueroa y Torres (1863-1950), una de las figuras más importantes del Partido Liberal de Práxedes Mateo Sagasta, quien pondrá en la dirección a José Franco Rodríguez.

Como diario liberal-demócrata, en el periodo finisecular se convertirá en cómodo refugio de la “aristocracia” de la generación del 98, según señala Gómez Aparicio, resaltando la incorporación a su redacción de Pío Baroja y Azorín. Y en 1902, Romanones lo vende al diputado catalán Emilio Ríus y Peniquet, quien asume la dirección, entregándole la jefatura informativa a Manuel Delgado Barreto, y la literaria, a Baroja, quien publicará sus célebres artículos de crítica teatral y también será enviado especial a Tánger. También pertenecerán a su redacción Pedro de Répide, José López Pinillos, Ricardo Baroja, Luis de Oteyza, Enrique Jardiel, Manuel Tercero, Manuel Bueno, entre otros.

El diario pasa a subtitularse “independiente”, tira dos ediciones diarias, y desaparecen de sus páginas las ilustraciones. Su propiedad pasará a manos de Ivo Bosch y defenderá la política de Segismundo Moret (1833-1913), a la vez que su difusión irá bajando drásticamente, si en 1913 era de unos 8.000 ejemplares, en 1920, se calcula que estaba ya entre los mil y dos mil ejemplares. A partir de 1923 llegará a perder su frecuencia diaria, apareciendo entre dos y cuatro días a la semana. A juicio de Seoane, el periódico se hundió en el “sapismo” más lamentable, pasando finalmente su propiedad a Magadaleno de Castro y convirtiéndose finalmente en semanal. El último número de la colección de la Biblioteca Nacional (de la que faltan los años 1886-1896 y 1928-1929) corresponde al 31 de mayo de 1932.

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